Ciencia, arte y humanidad en la Unidad de Insuficiencia Cardiaca Avanzada del Hospital de La Princesa

Creo que había olvidado, en los últimos años, por qué estudié medicina, agradezco que la vida me lo haya recordado en los meses pasados.

Lo ha hecho a través de un caso muy muy cercano. Varón de 85 años independiente, que  estudiaba inglés, iba a nadar y a taichí, paseaba dos horas diarias, comía con sus amigos una vez al mes para charlar de filosofía, bailaba sevillanas y disfrutaba de la vida. En un momento determinado la situación cambia y su corazón empieza a debilitarse, obligándolo a ingresar en el hospital cada quince días y a permanecer al menos una semana en la cama articulada, en reposo relativo y así una y otra vez, en una espiral de aumento de la fragilidad.

Parecía que no tenía solución, el tratamiento no era efectivo para evitar las descompensaciones, unido al detrimento de su función renal y a una enorme pérdida de independencia y de calidad de vida que confluían en un estado de ánimo que pasaba del miedo a la angustia.

De una manera mágica contacté con el equipo de Paloma Gil y Silvia Gómez, una internista y una enfermera que coordinan la Unidad de Insuficiencia Cardiaca Avanzada del Hospital madrileño de La Princesa. Nunca expresaré el suficiente agradecimiento por tener esta posibilidad.

Durante dos meses, con un conocimiento profundo de fisiología, farmacología, del saber más innovador, han ido modificando lentamente su tratamiento, han adaptado su dieta y su medicación, con una habilidad que todavía hoy me sorprende. Todo realizado a través de consulta telefónica y a veces en consulta diurna con analítica, al inicio con mayor frecuencia y cada vez más espaciada, unido por supuesto a un trato excelente y a una profunda humanidad y cariño.

Mi padre ha pasado de tener un futuro complejo de dependencia, ingresos hospitalarios continuos, miedo y calidad de vida deficiente, a pensar que se podría ir unos días a la playa, a poder disfrutar con su hermano que ha llegado a los 90 años y aunque parezca mentira bailar para celebrar la vida.

Como geriatra soy consciente de la dificultad extrema que supone tratar adecuadamente las comorbilidades, la polifarmacia, el reto de la complejidad clínica de algunos pacientes, por eso mi profunda admiración para este equipo. Esto es medicina en estado puro, esto es lo que grandes profesionales buenos consiguen, esto es por lo que yo quise estudiar tantos años. La Medicina es un arte, puedo decir que el manejo del tratamiento que ha hecho este equipo lo ha demostrado. Es una ciencia en la que se estudia y se aprende cada día, que precisa de una gran sabiduría, como la que tienen estas dos profesionales y que, además, es pura compasión, ese impulso que nos mueve a aliviar el sufrimiento con una sonrisa en los labios. Todo está más que demostrado en este servicio de medicina interna y en esta unidad.

Ojalá todos los hospitales contasen con estos recursos para evitar ingresos innecesarios, que ayudan a las personas a vivir plenamente, que proporcionan lo mejor que el conocimiento, la tecnología y el saber humanos pueden aportar a la sanidad y a la sociedad.  

A veces la política sanitaria no es consciente de la gran labor de estas unidades, de que este tipo de recursos innovadores, con profesionales de esta talla, une un costo ajustado, desde luego nunca mayor y en muchos casos menor, a las unidades de hospitalización tradicionales, con una mejora en la calidad de vida y el bienestar de los pacientes y de sus familias. Espero y deseo que se ponga en valor su trabajo, su arte, su sabiduría y su buen hacer.

Desde aquí solo puedo decir: ¡Gracias!

Salomé Martín García

Directora Desarrollo Técnico

EULEN Servicios Sociosanitarios

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