La soledad en las personas mayores

Por Jorge D. Ramos Cabrera

Hay una soledad voluntaria, es decir, que la persona quiere estar sola y toma acción para ello; y una soledad involuntaria, en la cual la persona no quiere estar sola pero por determinados motivos y circunstancias se ve abocado a estarlo. Y ya fuera de esta definición, nos encontramos con un tipo de soledad: la no deseada, que es aquella que a pesar de estar acompañada siente profunda soledad al no experimentar aprecio, atención, reciprocidad y cariño.

La soledad en las personas mayores, generalmente, pertenece a esta acepción de soledad no deseada, o soledad emocional, porque el propio envejecimiento supone un cambio en nuestra relación con nosotros mismos y con el resto de la sociedad, y ello puede obedecer al propio proceso de envejecimiento en sí mismo y a la percepción negativa que tenemos de la vejez.

Envejecer es un hecho natural y por tanto, debiera verse como una etapa más en la vida, sin embargo, es una etapa que no queremos que llegue, ni la asumimos con alegría cuando llega.

Si no empezamos ya mismo a cambiar la percepción que tenemos del proceso de envejecimiento y la vejez, y comenzamos a intervenir decididamente y con carácter de urgencia a nivel comunitario, con los recursos y apoyos que sean necesarios para mostrar la vejez como una etapa que puede y debe ser divertida y feliz, tendremos un enorme problema a nivel sanitario como social en los próximos años.
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