El lugar de residencia, el género o el nivel formativo condicionan la salud y esperanza de vida

La salud y la enfermedad son el resultado de la interacción de diversos factores que trascienden la genética, como por ejemplo la situación socioeconómica, nivel de educación, lugar de residencia y vivienda, entorno laboral, red de relaciones sociales y familiares, así como la capacidad para acceder a los servicios sanitarios. Se conocen como determinantes sociales en salud (DSS) todos aquellos aspectos que condicionan la existencia de desigualdades con impacto en la salud y en la esperanza de vida de las personas. En este sentido, según el Libro de la Salud del Hospital Clínic de Barcelona y la Fundación BBVA, los resultados en salud dependen en un 27% de los factores biológicos y genéticos; en un 43% de los estilos de vida; en un 11% del sistema sanitario y en un 19% de las condiciones medioambientales.

Por otra parte, según el documento ‘Por una salud no determinada. Una Hoja de Ruta hacia la equidad en salud’, elaborado por la Fundación Gaspar Casal con el respaldo de la compañía biomédica MSD, se ha observado que las personas con menos acceso a la educación, una ocupación laboral más baja o menores ingresos, suelen padecer más problemas de salud y son más proclives a fallecer en edades más tempranas. 

Conscientes de la necesidad de dar visibilidad a esta realidad y sensibilizar acerca de las inequidades en salud, MSD en España, junto con la Fundación Gaspar Casal, ha organizado el seminario de periodistas “Diálogos MSD Inventing for Life: determinantes sociales en salud”, en el que expertos de diferentes ámbitos han reflexionado sobre las medidas a adoptar para alcanzar una “salud no determinada”.

Los participantes en la jornada han lanzado el mensaje de que las desigualdades en salud son evitables si se trabaja de manera colaborativa, como ya ocurriera el pasado mes de junio, con la presentación en el Congreso de los Diputados del documento “Por una salud no determinada. Una Hoja de Ruta hacia la equidad en salud”, elaborado por la Fundación Gaspar Casal con el respaldo de MSD. 

El seminario ha sido inaugurado por Silvia Calzón, secretaria de Estado de Sanidad. Cristina Nadal, directora ejecutiva de Policy de MSD en España y Juan del Llano, director de la Fundación Gaspar Casal, han moderado el seminario que ha contado con la participación de Marisol Rodríguez Martínez, catedrática de Economía aplicada de la Universitat de Barcelona (UB); José Ramón Banegas, catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid; Manuel Franco, profesor de Epidemiología de la Universidad de Alcalá (UAH); Belén Fernández, responsable del Observatorio de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y Manuel Arellano, vicepresidente de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP). Durante las mesas de diálogo han coincidido en la necesidad de actuar mediante políticas efectivas encaminadas a reducir las inequidades; aumentar el registro de datos y evidencias que apoyen con solidez las conclusiones recogidas en el ámbito de los DSS; y fomentar abordajes multisectoriales que permitan poner en marcha programas de formación y concienciación ciudadana. 

Cómo influyen los determinantes sociales en salud en España

En la esperanza de vida media de la población influyen también el género y el lugar de residencia: las mujeres viven de media 82,9 años, frente a los 77,3 de los varones. Geográficamente, la esperanza de vida al nacer es superior en las comunidades autónomas con mayor PIB per cápita (Madrid, País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón y La Rioja), situadas al norte de la península, mientras que, en algunas comunidades del sur, como la Ciudad Autónoma de Melilla, esta media puede llegar a reducirse hasta en cuatro años. 

La despoblación es otro de los principales determinantes que causan desigualdades en el acceso a la salud en España: la falta de profesionales sanitarios en las zonas rurales, y el difícil acceso a centros de atención primaria y hospitalaria en la conocida como “España vaciada” hacen que quienes viven en zonas rurales vean mermadas sus aspiraciones a vivir más y mejor, tengan más riesgo de padecer enfermedades crónicas y menos acceso a pruebas diagnósticas preventivas.

En otro estudio realizado por el Grupo de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) del Centro de Investigación Biomédica en Red, publicado recientemente en la revista Nature, en nuestro país, las personas con menos recursos viven entre tres y cuatro años menos que aquellas en mejor situación económica. Ello se debe, fundamentalmente, a que un mayor poder adquisitivo da acceso a una mayor calidad de vida, a un nivel de formación más elevado, a unos mejores y más completos servicios sanitarios, y a una mejor y más variada alimentación, entre otros determinantes. 

“Desde sus inicios, MSD ha demostrado un gran sentido de la responsabilidad social y un fuerte compromiso con la equidad en salud, invirtiendo cerca de mil millones de dólares para apoyar programas a nivel mundial”, ha explicado Cristina Nadal, directora ejecutiva de Policy de MSD en España.  “Como empresa biomédica, creemos que es importante trasladar que las desigualdades en salud son evitables si colaboramos y trabajamos juntos por lograr una salud no determinada. Estamos convencidos de que éste es un objetivo conjunto y compartido por todos: alcanzar una mayor igualdad en el acceso a la salud de las personas”.

“Por ello, desde hace dos años, la Fundación Gaspar Casal junto con MSD, hemos liderado el estudio Por una salud no determinada, que aborda el tema de los determinantes sociales de la salud con el que creemos posible conseguir un impacto social y político”, ha añadido Juan del Llano, director de la Fundación Gaspar Casal. En su opinión, “pensar en términos de determinantes sociales nos lleva al terreno de la inclusividad, ya que ésta enfatiza en la necesidad de salud en todas las políticas -condición sine qua non– que requiere específicamente de monitorizar resultados en salud y usar métricas de uso de servicios para poblaciones vulnerables”. 

Entre los colectivos más sensibles se encuentra el de la infancia. Para la Dra. Marisol Rodríguez, catedrática de Economía aplicada de la UB, merece especial atención la salud de los niños y las niñas, al depender en gran medida del nivel socioeconómico de sus padres. Por eso, entre las políticas públicas que se pueden poner en práctica para revertir las inequidades en salud, ella ha destacado “aquellas que proporcionen una cierta seguridad económica, faciliten el acceso a la vivienda y protejan a la infancia”.

José Ramón Banegas, catedrático de Salud Pública de la UAM, ha subrayado que, “a pesar de que las políticas han avanzado algo en España, el potencial de mejora sigue siendo todavía inmenso y desafiante, en especial para los colectivos migrantes y LGBTiq+”. En concreto, ha propuesto “avanzar en legislación y en políticas consensuadas, de mayor realismo y compromiso; favorecer las alianzas entre gobierno y el resto de los actores sociales; formar en competencia profesional y apoyar la investigación en el ámbito de los DSS, además de fomentar la vigilancia, la monitorización y la evaluación de las políticas aplicadas”. 

Por su parte, Manuel Franco, profesor de Epidemiología de la Universidad de Alcalá (UAH) y la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Estados Unidos), ha destacado que “los determinantes sociales en salud son un área de interés académico, docente y de investigación en auge, en parte debido a la llegada de la pandemia de COVID-19, donde ha quedado demostrado que la incidencia aumentaba en los segmentos poblacionales con menor renta, menor formación académica y unas peores condiciones habitacionales”.

Por una vida no determinada: los DSS desde la perspectiva del paciente

Durante esta mesa han intervenido Manuel Arellano, vicepresidente de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes y Belén Fernández, responsable del Observatorio de la AECC.

Aunque se empieza a oír hablar de DSS, según ha explicado Manuel Arellano, la información no ha calado aún en la población general y este enfoque sigue sin aplicarse en las políticas sanitarias, o en cualesquiera de los ámbitos de salud. En este sentido, ha insistido además en que “las organizaciones de pacientes desempeñan un papel fundamental como transmisores de información para los propios pacientes y su entorno más cercano, y por ello se las debe de tener en cuenta y entender como interlocutores clave en esta transformación”. 

Belén Fernández, responsable del Observatorio de la AECC, ha manifestado que, en el caso de los pacientes con cáncer, “las personas socialmente más vulnerables tienen una mayor probabilidad de ser diagnosticadas en etapas más tardías de la enfermedad, dado que no disponen de información sobre factores de riesgo y no participan en los programas de cribado. Además, tienen mayores dificultades para hacer frente a los costes directos e indirectos derivados de los tratamientos y de llegar a la fase final de la enfermedad sin la oportunidad de tener acceso a cuidados paliativos integrales y de calidad”.

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