Así dañan el corazón los trastornos leves de la tiroides

A pesar de que pasan desapercibidas en la mayoría de ocasiones, las hormonas tiroideas cumplen un papel esencial en nuestro organismo. Tanto que, cuando se desequilibran, pueden aparecer graves problemas de salud. Es el caso, por ejemplo, de los problemas cardiacos, una vinculación contrastada que, sin embargo, ahora se ha hecho más creciente, pues investigadores del «Clinic of Ruhr University Bochum», en Alemania, han realizado un metaanálisis con 1,3 millones de participantes que concluye que incluso las desviaciones más leves en la función tiroidea pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares graves.

«Es de sobra conocido que los trastornos tiroideos afectan profundamente al sistema cardiovascular, incrementado la morbilidad y la mortalidad de dicha causa. La relación más contrastada entre ambos es la aparición de arritmias cardiacas, concretamente la fibrilación auricular, aunque también puede detectarse taquicardia sinusal inapropiada que, a la larga, por la alta frecuencia cardiaca, puede dañar el músculo cardiaco y producir miocardiopatía por alta frecuencia», detalla Ana García Martín, vocal de la Asociación de Cardiología Clínica de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y cardióloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. Por ello, tal y como advierte García Martín, lo más llamativo de este estudio es que «pequeñas variaciones de las hormonas tiroideas, incluso en el rango de la normalidad, los llamados estadios subclínicos, podrían producir una alteración de la función cardiaca y un exceso de eventos cardiovasculares».

Ante esta circunstancia, en Cardiología la norma es solicitar el perfil de las hormonas tiroideas ante un primer evento cardiovascular. «En casos de hipotiroidismo podemos comenzar con el tratamiento hormonal sustitutivo, aunque se suele pedir la colaboración de los compañeros de Endocrinología», asegura García Martín.

La desregulación de la tiroides pasa factura al organismo de diversas maneras: «Si hay una menor producción de estas hormonas (hipotiroidismo) se produce cansancio, intolerancia al frío, piel seca, uñas quebradizas, caída del cabello, voz ronca, somnolencia, lentitud mental, pérdida de memoria y de la capacidad de concentración, alteraciones del estado de ánimo, estreñimiento… pero cuando la alteración es leve, esta sintomatología no aparece o lo hace de una forma muy discreta», explica Elena Navarro, coordinadora del Área de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición(SEEN). Por el contrario, «si hay un exceso de producción (hipertiroidismo) se suele producir nerviosismo, taquicardia, dificultad para dormir, calor y sudoración excesiva, pérdida de peso, temblor en las manos, diarreas y cansancio. Estos síntomas en sus fases iniciales pueden confundirse con estrés, pero si la alteración es leve apenas ocasiona sintomatología, aunque en las personas de mayor edad determina una mayor frecuencia de arritmias cardiacas», añade Navarro.

¿Qué hay que comer?

En este escenario, «una persona con enfermedad tiroidea ha de realizar una alimentación sana, es decir, al menos cinco porciones de frutas y hortalizas al día, legumbres y frutos secos, menos del 10% de la ingesta calórica total de azúcares libres, menos del 30% de la ingesta calórica diaria procedente de grasas, prefiriéndose las no saturadas presentes en pescados, aguacates, frutos secos y en los aceites de girasol, soja, canola y oliva, así como menos de cinco gramos de sal al día y la sal debería ser yodada. No han de hacer otras restricciones o eliminaciones de la alimentación diferentes de la que se aconseja en la población general», asegura Navarro, quien matiza que, sin embargo, «en las poblaciones en las que exista déficit de yodo, alimentos como las verduras crucíferas (col, coliflor, brócoli) pueden dificultar el funcionamiento del tiroides».

Sin olvidar que, según recuerda García Martín, «las hormonas tiroideas interfieren en el metabolismo del colesterol, siendo la hipercolesterolemia un fuerte factor de riesgo cardiovascular. Uno de los mensajes más repetidos en mi consulta es un resumen de los beneficios de una dieta mediterránea variada y equilibrada, y la importancia del ejercicio físico regular para mantener bienestar físico y mental».

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